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Con el inicio del 2020, tal vez te preguntes: ¿cómo puedo mejorar mis hábitos alimenticios? La mayoría de los propósitos de Año Nuevo incluyen mejorar tu salud o ser más feliz. Una clave para lograr esos propósitos es elegir metas realistas, realizables y medibles. Pero más allá de eso, ¿qué es lo que hay que hacer de manera distinta?

Tener buenos hábitos alimenticios no sólo significa llevar una dieta balanceada. Lo importante es que estés consciente que mediante unas buenas prácticas de nutrición, todos los órganos de tu cuerpo funcionan eficientemente, tienes más energía a lo largo del día; físicamente te ves mejor, puedes prevenir y evitar un sinnúmero de enfermedades.

Si ya tomaste la decisión de cambiar, te presentamos 5 tips para ayudarte a conseguirlo.




1. Elabora una lista de tus hábitos de alimentación.

Mantener un “diario de alimentos” durante unos días donde anotes todo lo que comes y la hora en que lo haces, te ayudará a descubrir tus hábitos. Por ejemplo, puede ser que siempre quieres algo dulce cuando sientes una baja de su energía a media tarde. Es bueno anotar cómo te sentías cuando decidiste comer, especialmente si no tenías hambre: ¿estabas cansado o estresado?

2. Subraya los hábitos de la lista que estén causando que comas más de lo necesario.

Los hábitos de alimentación que con frecuencia pueden llevar a un aumento de peso son:
Comer muy rápido.
Comerse todo lo que se sirve del plato.
Comer cuando no tienes hambre.
Comer de pie.
Siempre comer postre.
Saltarse comidas (o solo el desayuno).

3. Revisa los hábitos de alimentación poco saludables que has subrayado.

Asegúrate de identificar todos los factores que desencadenan esos hábitos. Identifica algunos de los que quieres cambiar primero. No dejes de felicitarte por las cosas que hagas bien. A lo mejor casi siempre comes fruta de postre o tomas leche baja en grasas. ¡Estos son hábitos buenos! Al reconocer tus logros te sentirás motivado para hacer más cambios.

4. Elabora una lista de factores “desencadenantes”.

Revisando tu diario de alimentos tendrás más consciencia de dónde y cuándo surgen factores “desencadenantes” para comer sin tener hambre. Anota cómo te sueles sentir en esas ocasiones. A menudo un “desencadenante” ambiental o un estado de ánimo particular es lo que nos impulsa a comer sin tener hambre. Alguno desencadenantes comunes que impulsan a comer cuando no se tiene hambre son:
Sentarse en casa a ver la televisión.
Antes o después de una reunión o una situación de estrés en el trabajo.
Llegar a casa del trabajo y no tener idea de lo que va a comer.
Que alguien te ofrezca un platillo que hizo ”solo para ti”.
Sentirse aburrido o cansado y pensar que comer algo te subirá los ánimos.




5. Sustituye tus viejos hábitos con hábitos saludables y sé paciente contigo mismo.

Los hábitos se forman con el tiempo; no se adoptan de la noche a la mañana. Cuando veas que estás practicando un hábito que no es saludable, no seas muy duro contigo mismo ni pienses que un error arruinará todo un día de hábitos saludables. ¡Tú puedes lograrlo! ¡Lo puedes hacer un día a la vez!


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