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¿Sabías que el hígado se encarga de filtrar la sangre que viene del sistema digestivo? También elimina químicos y metaboliza fármacos, además de ayudar a la digestión de productos grasos y la coagulación; es una reserva de hierro, vitaminas y glucosa. Una de sus enfermedades más comunes es la hepatitis. Las hepatitis virales son un problema de salud pública, pues se estiman más de 325 millones de personas infectadas en el mundo.



¿Qué es la hepatitis?

La hepatitis es la inflamación del hígado y sus causas pueden ser infecciosas, como las hepatitis virales, o no infecciosas, que se dan por el consumo de bebidas alcohólicas, obesidad, enfermedades autoinmunes, fármacos, reacciones alérgicas, etc.
Las hepatitis A y E son causadas generalmente por la ingestión de agua o alimentos contaminados. Mientras que las hepatitis B, C y D se producen por el contacto con humores corporales infectados. Son formas comunes de transmisión de estos últimos la transfusión de sangre o productos sanguíneos contaminados, los procedimientos médicos invasores con equipo contaminado y —en el caso de la hepatitis B— el contacto sexual o la transmisión de la madre a la criatura en el parto.
La infección por el virus de la hepatitis B (VHB) se puede prevenir vacunándose.

Hepatitis B y C

Las hepatitis B y C son potencialmente mortales. El VHB se puede prevenir vacunándose y tiene dos fases: aguda y crónica. La mayor parte de los afectados no experimentan síntomas durante la fase aguda, aunque algunas personas pueden presentar coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia), orina oscura, fatiga extrema, náusea, vómitos y dolor abdominal.
La infección aguda por el virus de la hepatitis C (VHC) es generalmente asintomática, son pocos los casos diagnosticados en la fase aguda. A menudo, la infección crónica por el VHC también queda sin diagnosticar porque se mantiene asintomática hasta décadas después, cuando aparecen síntomas secundarios al daño hepático grave.



Diagnóstico

Para la hepatitis B se requiere una muestra de sangre.

En el caso de la hepatitis C, La infección se diagnostica en dos etapas:

Los anticuerpos anti-VHC se detectan con una prueba sanguínea y su presencia revela la infección.
Si los anticuerpos anti-VHC son positivos, para confirmar la infección crónica se necesita una prueba que detecte el ácido ribonucleico (RNA) del virus.



El diagnóstico precoz puede prevenir problemas de salud derivados de la infección, y también la transmisión del virus. La OMS recomienda el examen en personas que puedan correr un alto riesgo de infección. De ti depende, cuídate.


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